La flor de cempasúchil y el humo de los cirios combaten el olvido y recuerdan a los que se han ido. Manifestaciones alegres y coloridas celebran la memoria y se burlan de lo inevitable, reemplazando en las calles el negro funesto por una procesión de colores.
Mezcla de lo sagrado y lo profano, las celebraciones varían de una región a otra, pero la esencia permanece, sinónimo de una cultura ancestral. En 2003, la Unesco declaró esta festividad Obra Maestra del Patrimonio Cultural de la Humanidad; se señaló con este reconocimiento la presencia de un patrimonio vivo, testimonio de una cultura que palpita en sus herederos.
Las costumbres del Día de Muertos intercalan tradiciones indígenas con creencias católicas. En la época precolombina, el rumbo de las almas se decidía según la forma de morir y no por la conducta terrenal: a Tlalocan, paraíso del dios de la lluvia, se dirigían los ahogados y los sacrificados; guerreros caídos y mujeres muertas en parto acompañaban al dios Sol; los demás terminaban en el alejado Mictlán.
Todavía se pueden contemplar los rituales que dan sentido a la tradición: se comen cráneos de dulce y pan de muerto, las poéticas calaveras se burlan de los vivos y durante la noche de velación se decoran las tumbas de los difuntos en espera de su visita. Además, el altar propone atraer a los espíritus y obsequiar a los muertos objetos y alimentos preferidos por ellos en vida.
En todo el estado, estos días se festejan con concursos, altares personales y colectivos, comidas y agasajos, para que por un breve espacio la muerte se convierta en motivo de fiesta.
¿QUÉ HACER Y A DÓNDE IR EN DÍA DE MUERTOS?
SAN JUAN DEL RÍO
Del 31 de octubre hasta el dos de noviembre, el Museo de la Muerte se anima con un festival cultural para levantar muertos. En sus escalofriantes concursos podrán participar los más atrevidos: uno los reta a grabar fantasmas en las casonas del Centro Histórico; el otro recuerda a las plañideras, mujeres pagadas para llorar en los funerales.
T. (427) 129 5000 ext. 233
Recorridos especiales parten del centro de la ciudad para develar sus terroríficas leyendas: la emparedada viva o el fantasma de la monja ahorcada, entre otras.
QUERÉTARO
Imán de almas extraviadas, umbral donde convergen luto y fiesta, se construyen altares de hasta siete niveles donde cada objeto obra como metáfora, lenguaje del espacio entre vivos y muertos.
Aparta un día para ir a conocer los altares que embellecen el Centro Histórico: el tradicional altar monumental de la Plaza de Armas, el del Museo Casa de la Zacatecana, el de la Casa del Faldón o el del Museo Regional; cada uno se acerca con su propia interpretación del ritual.
EZEQUIEL MONTES
En este municipio, los difuntos se reciben con patente alegría. En la cabecera municipal, se lleva a cabo el concurso de altares y de calaveras literarias que apelan a las dotes creativas de los vivos.
En el centro de Bernal, se invita a una competencia entre altares destacados.
El hotel Parador Vernal ofrece su tradicional «Noche de velación de ánimas»: una ceremonia indígena, danzas y cantos que se prolongan en la noche. La celebración tiene lugar el primero de noviembre a las 19:00 horas y la entrada cuesta $70.